Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 37. “Jesús, quien tomo mi lugar”
Lecturas: Mateo 27:45-51; Marcos 15:33-36; Lucas 23:44-46; Juan 19:28-39.
 
Para memorizar:
“Cuando era como la hora sexta,  hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y el sol se oscureció,  y el velo del templo se rasgó por la mitad”.
(Lucas 23:44-45)
 
Las tres últimas horas de la vida terrenal de Jesús fueron dramáticas en grado máximo. Mateo describe cuatro cosas que sucedieron en este período:
1.- Una oscuridad sobrenatural,
2.- El clamor de desolación de Jesús,
3.- Las actitudes de los soldados y
4.- La muerte de Jesús.
La oscuridad que se extendió sobre la tierra (Mat.27:45) fue una manifestación sobrenatural. La expresión “Toda la tierra” se refiriere probablemente a Palestina, más de 6,000 km2. Fue un evento concreto, objetivo y a la vez simbólico de la hora cuando las fuerzas de las “tinieblas espirituales” aparentemente reinaban sin límites, y sin embargo, estaban siendo vencidas. Mateo dice con precisión que la oscuridad se extendió desde la sexta hora... hasta la hora novena, es decir, desde las doce del día hasta las tres de la tarde. Pero, ¿Cuál era la verdadera lucha que se disputaba detrás de este denso manto de tres horas de tinieblas?
 
I.  La Oscuridad fue parte del juicio (Mateo 27:33-39). 
Desde las nueve de la mañana hasta el mediodía el Calvario había sido un lugar de mucha actividad. Los soldados habían realizado sus diversas tareas. Los transeúntes habían blasfemado. Los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos se habían mofado. Los ladrones lo habían insultado, aunque uno de ellos se había arrepentido, Jesús ya había pronunciado sus primeras tres palabras. 1.- Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lucas 23:34). 2.- De cierto te digo; hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:43). 3.- Mujer he aquí tu hijo… he aquí tu madre. (Juan 19:26-27). Entonces a las doce ocurre algo de carácter dramático y sobrenatural. Repentinamente la tierra se oscurece. Comparemos esto con lo que nos dice Amos  8:9. El solo hecho de que se mencione esta oscuridad muestra que ella debe haber sido intensa e inolvidable. Y tenía un significado muy importante. La oscuridad significaba juicio, el juicio de Dios sobre nuestros pecados, su ira manifiesta, no sobre Jesús directamente, pero de tal modo que él como nuestro Substituto sufría la oscuridad que el pecado produce en el hombre, la más intensa agonía, un dolor indescriptible, un aislamiento y abandono terrible. Aquel día “el infierno vino al Calvario” y el Salvador estuvo en él y llevó sus horrores y oscuridad, tomando nuestro lugar; si, por nosotros. ¿Qué te hace sentir el saber que Jesús tomó nuestro lugar y sufrió la oscuridad, dolor y horrores que a ti y a mi nos correspondían?
 
II. El juicio le llevo a sentir la separación del Padre (Mateo 27: 46).
Poco antes de las tres de la tarde, o sea la hora novena, Jesús emitió un clamor de desolación que llega a nosotros con tremendo impacto después de dos mil años. Sólo Marcos y Mateo registran esta cuarta palabra que Jesús pronunció desde la cruz: 4.- Eloi,  Eloi,  ¿lama sabactani?  que traducido es:  Dios mío,  Dios mío,  ¿por qué me has desamparado? (Marcos 15:34). Estaba citando un salmo mesiánico (Salmos 22:1). El salmo que describe a uno que sufre en soledad, pero mantiene su fe en Dios y termina en una nota de victoria. Describe con alta precisión lo que Jesús experimentó en el rechazo, juicio, crucifixión y resurrección. Es un modelo y ejemplo para todos los creyentes que sufren soledad y aflicción. Por un lado, Jesús era plenamente hombre, agudamente sensible a los dolores físicos, pero su sufrimiento principal fue la soledad total en el momento de llevar los pecados de la humanidad sobre su cuerpo en la cruz. El clamor no expresa duda en la mente de Jesús, sino más bien plena confianza en su Padre Celestial. Su fe en Dios fue afirmada en el mismo clamor de soledad. El hecho de repetir Dios mío, Dios mío... revela su confianza en el Padre. ¿Qué confianza nos deja, a cada uno de nosotros, este ejemplo, para los momentos oscuros de la vida? ¿Qué te enseña con esto al saber que Jesús ya pago en tu lugar por tu pecado?
 
III. El Juicio que llevo a la muerte a Jesús fue el mío (Mateo 27:48-50)
El único gesto de misericordia hacia Jesús durante su agonía en la cruz fue de un soldado romano. Escuchando que tenía sed, preparó una esponja empapada de vinagre, o vino agrio sin hiel o mirra; la bebida que tomaban los soldados romanos, y se lo daba de beber. Según el relato de Juan, parece ser que lo que motivó al soldado a darle de beber el vino agrio fue la quinta palabra: 5.- Tengo sed. (Juan 19:28). Unos, probablemente judíos, objetaron esta manifestación de misericordia (Mateo 27:49). En sucesión rápida, Jesús pronunció la sexta y séptima palabras: 6.- Consumado es. (Juan 19:30) y 7.- Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. (Lucas 23:46). Y “Entregó el espíritu” (Mat. 27:50) esta es una expresión que indica una acción voluntaria de parte de Jesús. Jesús entrego su vida de forma obediente, pero voluntaria y la entregó, para tomar sobre sí mismo la paga de nuestro pecado… “Porque la paga del pecado es muerte,  más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Fue Agustín de Hipona quien dijo: Jesús “entregó su vida porque lo quiso, cuando lo quiso, y como lo quiso”. El texto de Mateo dice literalmente que Jesús despidió su espíritu; Marcos emplea otro verbo en griego que significa que “exhaló su vida”, o expiró, pero Juan, en cambio, dice sencillamente que entregó el espíritu (Juan 19:30), término que se usaba cuando uno ofrecía un sacrificio. Un sacrificio que restauro la relación entre el ser humano y Dios, por medio de Jesucristo, al rasgarse simbólicamente el velo que nos separaba de la santidad de Dios y su presencia (Mateo 27:51a). ¿Qué debemos hacer ahora para mantener esa relación que Jesús nos abrió con el Dios que es Santo, Santo, Santo? ¿Cómo nos ayuda el Espíritu santo en esto?
 
Para terminar: Oremos. Agradeciendo al Señor por pagar por mi culpa en la cruz, llevando sobre si el juicio que a mí correspondía. Y Rogando a nuestro Dios que por medio de su santo Espíritu nos mantenga en el camino de santificación, en la luz de su presencia, aún en los momentos más oscuros de nuestra vida, conduciéndonos a ser fieles a la libertad del pecado que Jesús ha comprado para nosotros.