Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 34. “Jesús y Simón de Cirene, Cargando la Cruz de Cristo”
Lecturas: Mateo 27:31-34; Marcos 15:20-23; Lucas 23:26-33; Juan 19:16-17
 
Para memorizar:
“Y llevándole,  tomaron a cierto Simón de Cirene,  que venía del campo,  y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”.
(Lucas 23:26)
 
En una sociedad que adora a las personas que se presentan las portadas de revistas y otros medios de comunicación, Dios tiene sus primeras páginas reservadas para otro tipo de héroes. Un hombre descendía de su trabajo bien entrada la mañana. Había salido a trabajar al anochecer, y todos sus pensamientos se concentraban en la necesidad de llegar pronto a casa y comer con su familia; serían como las 8:00 de la mañana. De pronto ve una gran muchedumbre y duda. No sabe si seguir por dónde va, lo que le llevará directamente al centro de los gritos y el revuelo, o dar un pequeño rodeo para no verse mezclado en todo aquel tumulto. En la duda sigue adelante y piensa que no merece la pena perder más tiempo intentando evitar a un grupo de personas demasiado exaltadas. La turba tiene su origen en un simple hombre galileo, le dicen, que a duras penas puede mantenerse en pie mientras sube al lugar llamado “La calavera” cargando con una cruz. Cuanto más se acerca, más asombrado queda, y menos entiende lo que está pasando.
 
I. El momento de cargar la cruz irrumpe en su vida (Lucas 23:26).
Simón era un hombre trabajador, no tenía tiempo para ver ejecuciones públicas ni para interesarse en las noticias de los últimos días. Sólo quería trabajar, ayudar a su familia y seguir su camino. Los soldados le vieron pasar, y comprendieron que era un hombre fuerte, esforzado... pensaron que tenía la fortaleza necesaria para ayudar a llevar la cruz del llamado rey de los judíos. Casi sin tiempo para pensarlo, Simón de Cirene, se encontró dentro de aquel tumulto de pasión y odio. La cruz que cargaba el nazareno está ahora sobre sus propias espaldas. Ellos, los romanos, los que siempre mandan, obligan y desprecian al pueblo, son los que se lo han pedido. Comprobaron que las espaldas de Simón estaban muy acostumbradas a llevar cualquier tipo de peso, y sus manos encallecidas demostraban su lealtad inquebrantable al trabajo duro. Le obligaron a llevar la cruz del condenado, y Simón no pudo hacer nada. Simón quería seguir con sus planes y su trabajo. A nadie le gusta que le coloquen una cruz en los hombros, aunque sea de manera circunstancial y momentánea. Pero algo más allá de su propia voluntad le arrastró a los pies del maestro para recoger el madero y mirar durante unos segundos interminables el rostro de quién iba voluntariamente a la muerte. ¿Cómo la experiencia de Simón se refleja en la propia experiencia de la intervención de Dios en nuestra vida por medio del Evangelio?
 
II. Llamado a caminar por la vía hasta el Gólgota (Mateo 27:32-33).
Conforme pasa el tiempo, y a medida que empieza a descubrir las razones por las que este hombre llamado Jesús ha sido condenado, el corazón de Simón comienza a cambiar, casi sin darse cuenta. Jesús de Nazaret, el llamado Maestro, ha sido declarado culpable no se sabe muy bien de qué delito, y ahora camina despreciado, escupido e insultado. Simón le ve y no puede dejar de admirarse: Aquel de quien tantas veces había escuchado hablar, marcha ahora a su lado, un poco más descansado por no tener que llevar la cruz, pero soportando los desprecios que nunca antes nadie había soportado. Los minutos se hacen interminables, en parte por el peso del madero, pero sobre todo por la sensación cada vez más creciente de que aquel ser humano que va con él es algo más que un simple condenado. No sabemos si intentó hablar con el Señor o pedirle explicaciones sobre su crucifixión; tampoco conocemos si Jesús tuvo la oportunidad de decirle algunas palabras o en algún momento le miró como antes había hecho con tantos otros que le siguieron. Durante su caminar Simón detrás de Jesús oyó la conversación con las mujeres, cuando ellas lloraban desesperadamente al ver a su Salvador herido, y Jesús les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí,  sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos” (Lucas 23:28) ¿Qué carga espiritual dejan en los creyentes estas palabras de Jesús a las mujeres? ¿Cómo nos compromete, cargar la cruz por el camino, con la gran comisión?
 
III. Simón y su familia fueron transformados (Marcos 15:21-22).
La Biblia nos enseña que Simón creyó en el Señor, él y su familia. Marcos nos da algunos detalles, como el nombre de sus hijos, que sólo se conocieron más tarde. Dios quería que nos diéramos cuenta de que siempre hay una razón para todo, y en este caso lo más importante no es la razón sino las consecuencias. Simón era el padre de Alejandro y Rufo. Nadie los conocía en el momento en el que el Señor subía el camino al calvario, pero el apóstol Pablo nos muestra un detalle importante en la historia de la familia cuando escribe “Saludad a Rufo, escogido en el Señor, también a su madre y mía” (Romanos 16:13). La madre de Rufo había sido como una madre para Pablo; seguramente cuando toda su familia le abandonó por causa del evangelio esa mujer y su marido Simón le explicaron al antiguo perseguidor del Mesías muchas cosas sobre la cruz. Pablo escribiría: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). La cruz de Cristo fue clave en la vida de Pablo, como lo fue en la de Simón de Cirene y su familia. No fueron los soldados los que obligaron a Simón a cargar con la cruz, fue Dios mismo el que movió los hilos de la historia, porque estaba buscando a Simón y a su familia. Los amaba y por eso escogió a Simón para que cargase la cruz. ¿Tu encuentro con Cristo y su cruz, como han impactado tu vida y familia?
 
Para terminar: Oremos. Dando gracias a Dios, quién quiere enseñarnos lecciones trascendentales a cada uno de nosotros: Cuando Él nos busca, no es por casualidad ni por suerte; Simón fue el primero en seguir al pie de la letra las palabras del Señor Jesús, pero Dios nos continúa llamando a seguirle de una manera muy sencilla y clara. Recordando: “Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame” (Marcos 8:34).