Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 33. “Jesús o Barrabas en nuestras decisiones cotidianas”
Lecturas: Mateo 27:17-30; Marcos 15:6-15; Lucas 23:13-25; Juan 18:39-19:16
 
Para memorizar:
“Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás,  y que Jesús fuese muerto”.
 (Mateo 27:20)
 
El acercamiento obligado a la persona de Barrabas, tal como es descrito por los Evangelios, nos presenta una persona que aun cuando pudiese ser de agrado a los judíos de su época debido a sus pensamientos políticos, mucho distaría de ser un favorito dentro de nuestra visión como creyentes y como Iglesia; Alguien que es sedicioso y amotinado en contra del imperio que tiene en servidumbre a su pueblo, pero que no puede liberarse de su delito condenatorio por homicidio y de las acusaciones que pesan en su contra por ser un ladrón. Aun cuando sus razones y acciones políticas revolucionarias fuesen las correctas y le hayan ganado cierta fama entre el pueblo, no dejan de presentarlo como “el hijo que avergüenza a su Padre”, ya que el fin no justifica los medios. Este es el rostro de Barrabas, el famoso, el “libertario” pero a su vez se muestra sediento de poder y fortuna; el que, si bien, piensa en su pueblo, antepone sus intereses personales a sus convicciones, el popular ladrón y homicida que fuese ofrecido por Pilato y escogido por el pueblo judío para ser puesto en libertad en lugar del Justo Jesús, aquél en quien no fue hallado delito alguno.
 
I. ¿Por qué Pilato les dio a escoger? (Mateo 27:17).
Pilato tenía la autoridad que concedía el Imperio Romano para hacer con los presos lo que mejor el considerara, sin embargo, en el caso del juicio en contra de Jesús vemos a un Pilato indeciso e inseguro de que decisión tomar. ¿Tenía temor de los judíos? Puede parecer que sí, ya que sus sacerdotes y principales y todo el pueblo clamaban a una que soltara a Barrabas y crucificara a Jesús. Y vemos a Pilato cediendo finalmente a sus deseos, sin importarle el consejo de su esposa y su propia conciencia que le indicaban que Jesús era un hombre sin delito alguno. ¿Tenía temor del Emperador? Aunque el pasaje no lo menciona, sabemos que, al Cesar Romano no le gustaba que se levantaran revueltas o quejas en los pueblos del imperio y que el principal encargo que hacía a los gobernadores, como Pilato, era mantener la Paz a cualquier costo. Si la revuelta causada por los judíos en contra de Jesús crecía y esto llegaba a los oídos del Cesar esto ponía en riesgo su puesto y por tanto su estatus. ¿Tenía temor de Jesús? Bueno, sabía de sus milagros, se daba cuenta de su enseñanza elevada y misteriosa que molestaba a los principales de los judíos, su esposa le había dicho “No tengas nada que ver con ese “Justo”, porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de Él (Mat. 27:19), por causa de lo que Jesús le había dicho y porque los judíos insisten en que Jesús “Se hizo a sí mismo Hijo de Dios”; Toda su experiencia con Jesús le pudo hacer pensar que era muy posible que “El Fuera Divino”, por lo que todo esto era muy inquietante para Pilato. ¿Qué temores hay ahora en tu propia vida y cómo influyen en tus decisiones?
 
II. ¿Por qué el Pueblo escogió a Barrabas? (Mateo 27:20).
Esta es una pregunta de muy difícil respuesta. La Biblia nos enseña que fueron persuadidos, es decir, se dejaron convencer por los argumentos falsos que los sacerdotes les presentaron. Sin embargo, no estamos hablando de niños inmaduros, sino de un pueblo adulto y aún más enardecido,  que parece estar tomando la decisión que les dicta su nacionalismo y orgullo político, o cuando menos sus ansias de libertad del yugo del imperio, aunque vale la pena preguntarnos ¿Podría Barrabas darles la esperanza de esta libertad?, la historia nos dice que no sería así; Barrabas desaparece de escena o prontamente fue encarcelado o muerto. Al final lo verdaderamente importante no son los argumentos de los religiosos o las preferencias de los políticos, sino, que el pueblo judío reunido en ese tiempo en Jerusalén, para celebrar en la pascua la libertad, el perdón y la nación que Dios les concedió al llamarlos su pueblo, lo último que consideraron en su toma de decisiones fue a Dios. Alguien incluso pudiera decir: Es que se dejaron influenciar por el maligno… y esta es una buena excusa que desde Eva hasta nuestros días los seres humanos seguimos usando, a fin de justificar nuestras malas decisiones que nos conducen al pecado y a la lejanía de Dios, pero cada una de estas decisiones y cada uno de los pecados son única y exclusivamente nuestra responsabilidad. ¿Qué situaciones, argumentos o preferencias están permeando tus decisiones cotidianas, en lugar de que sean orientadas por Dios y su Palabra? ¿Por qué nos es tan difícil a los seres humanos asumir la responsabilidad de nuestras malas decisiones y pecado?
 
III. ¿Cuál es mi elección cotidiana? (Mateo 27:25).
El pueblo tomo una decisión y pareciera que asume su responsabilidad e incluso sus consecuencias, aunque me parece que esta expresión se muestra bastante inconsciente de las consecuencias de su falta. Todo pecado acarrea consecuencias, esta es una lección que hemos experimentado, pero que somos de “cabeza dura” para aprender. Si aprendiéramos la lección generaría en nosotros temor de Dios y al menos este permearía nuestras decisiones cotidianas. Y quiero aclarar que no estamos hablando aquí de salvación, la cual es por gracia y no por obras, sino de decisiones cotidianas, en palabras, hechos, pensamientos e intenciones que manifiestan por sus raíces y resultados si es el amor, gratitud y temor a Dios lo que las influencia o dirige, o nuestra propia carnalidad y falta de madures espiritual las que alejan nuestras decisiones de Dios y su voluntad. ¿Cómo hacemos para tomar decisiones correctas y sabias en la voluntad de Dios? ¿Qué resultados traerá esto a nuestras vidas?
 
Para terminar: Oremos. Dando gracias a nuestro Señor de que nuestra salvación no es por obras, sino por su gracia. Pidiendo a Dios, por medio de su Espíritu, la guía y sabiduría para que en nuestras decisiones cotidianas nuestra elección sea Jesús, es decir, ser hijos que honran a su Padre y no Barrabas “hijos que lo avergüenzan”.