Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.

Semana 26. “Jesús, su Evangelio y Reino; objetos de mi Fe”
Lecturas: Mateo 24, 26:1-5; Marcos 13:1-14:2; Lucas 21:5-22:2.
 
Para memorizar:
“Respondiendo Jesús,  les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre,  diciendo: Yo soy el Cristo; 
y a muchos engañarán”. (Mateo 24:4-5)
 
El Templo de Jerusalén, centro de la adoración al Dios de Israel, emblema de la religión Judía y baluarte de la Nación había sido preparado espléndidamente para la celebración de la fiesta de la Pascua, Lucas 21:5 nos indica que “el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas”, que eran objetos especiales dejado en el lugar sagrado por motivos rituales de gratitud o en cumplimiento de votos, en general serían objetos considerados como preciosos. En tal contexto la expresión del discípulo de Jesús: “Maestro,  mira qué piedras,  y qué edificios” (Marcos 13:1), se convierte en una admiración y quizá hasta en un orgullo hacia la nación judía y su religión, la cual, este discípulo, ve centralizada en el templo, su hermosura y la devoción y religiosidad de los que se presentan a dejar sus ofrendas. Una postura o pensamiento que el discurso de Jesús, presentado en esta ocasión, marcará como un claro error de enfoque en la visión del discípulo de que la centralidad de la fe debe ponerse en Jesús, su Evangelio y su Reino. Presentado en tres momentos del discurso que estudiaremos en esta ocasión, analizando las enseñanzas que podemos resaltar para la Iglesia de hoy.
 
1. Es Jesús y no el templo el centro de mi devoción y Fe (Marcos 13:2).
El Templo de Jerusalén y su monte fueron y son hasta nuestros días el lugar más sagrado para quienes profesan la fe Judía. Según sus tradiciones mas ancestrales se construyó sobre “la piedra angular” sobre la que se creó el mundo. El templo se consideraba el epicentro del judaísmo, donde descansa la Presencia Divina, donde se iba a sacrificar a Isaac, donde una vez se ubicaron el lugar Santísimo y el Arca de la Alianza que albergaba los Diez Mandamientos, al Monte del Templo, donde el Templo se reconstruyó en 515 a. C. También se conoce como el Monte Moriah mencionado frecuentemente en la ley Judía. Con su respuesta Jesús expresa su desacuerdo a este orden de pensamiento y lo proyecta al futuro, enseñándonos como Pueblo de Dios que el centro de nuestra devoción y Fe no es el templo, no son sus celebraciones, tradiciones o su religiosidad, como conjunto de rituales, el centro de nuestra devoción y Fe es Jesús. ¿Habrá en la Iglesia de hoy algunas prácticas o tradiciones culticas, que en si mismas le han quitado el centro de nuestra devoción a Jesús? ¿Qué podemos hacer como iglesia para que no sea el templo o las costumbres religiosas el centro de nuestra devoción y fe, sino Jesús y nuestra relación con Él?
 
2. Es el Evangelio de Jesús y no “los signos de los tiempos” los que deben movernos como Iglesia en el servicio a nuestro Señor” (Marcos 13:5-10).
Jesús hablo en diversas ocasiones de los signos de los tiempos: falsos cristos, guerras, terremotos, hambres y alborotos, dolor y persecución para su pueblo, divisiones y aun traiciones familiares, y problemas como nunca los han tenido. Mucho se ha especulado a lo largo de la historia de la Iglesia cristiana sobre el significado de cada uno de ellos y sobre sus cumplimientos históricos y con esto, la visión mas generalizada alrededor de estos es la visión de la cercanía de los tiempos del fin. Sin embargo erramos mucho como iglesia cristiana al solo interpretar los signos como anuncio del fin de los tiempos y no como demanda de nuestra responsabilidad como creyentes… Más cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras,  no os turbéis,  porque es necesario que suceda así;  pero aún no es el fin” (Marcos 13:7). Lo único que es necesario, y nuestra responsabilidad, como pueblo de Dios llamado Iglesia es “Que el Evangelio sea predicado”. ¿Cómo distraen a la iglesia las interpretaciones equivocadas de estos signos de su verdadera responsabilidad, y como se debe responder ante ellos con el Evangelio de Jesús como respuesta a la necesidad física y espiritual que estos signos representan?

3. En el Reino de Dios, inaugurado por Jesús, a la iglesia nos es dejada una gran responsabilidad “servir”; la cual debe movernos a tener visión de “siervos” por el Reino. Marcos 13:34-37.

En el Reino del Señor, tú y yo somos siervos, y esta expectativa es claramente expuesta en la Palabra… “dio autoridad a sus siervos,  y a cada uno su obra”. El reino demanda de la Iglesia acción y servicio, y muchas cosas hoy no están sucediendo en la Iglesia, porque simplemente la Iglesia no esta accionando en su responsabilidad de servir en el reino. En el texto vemos que el Señor nos dio AUTORIDAD en su Reino y nos dejo RESPONSABILIDADES, con una sola finalidad, la de mantenernos despiertos y activos en el servicio, en tanto el Señor de la casa regresa a pedir cuanta de nuestra mayordomía para con su Reino. No sabemos cuando, no hay forma de conocer la hora, pero algo es seguro, nuestro Señor regresa y espera encontrar resultados. Pero además nos hace una hermosa promesa, poner en nosotros cuidado: “Es como el hombre que yéndose lejos,  dejó su casa,  y dio autoridad a sus siervos,  y a cada uno su obra,  y al portero mandó que velase”. Este portero, “el Santo,  el Verdadero,  el que tiene la llave de David,  el que abre y ninguno cierra,  y cierra y ninguno abre” (Apocalipsis 3:7), es el mismo Jesús. ¿Cómo vivimos como Iglesia en la Autoridad que nos ha sido dada? ¿Cómo cumplir como iglesia las RESPONSABILIDADES asignadas? ¿Cómo nos motiva e impulsa en el servicio el saber que tenemos un portero que vela por nosotros, a Jesús mismo?

Para terminar: Oremos, por una visión renovada para la iglesia y para cada uno de nosotros como parte integral de ella, en cuanto a la visión que Jesús nos presenta de nuestro quehacer como iglesia en tanto nuestro Señor retorna en gloria por nosotros su iglesia. Que el Espíritu Santo nos mueva a vivir activamente en esta visión.