Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 24. “Jesús nos instruye sobre nuestra pertenencia a Dios”
Lecturas: Mateo 22:15-33; Marcos 12:13-27; Lucas 20:20-40.
 
Para memorizar:
“Respondiendo Jesús,  les dijo: Dad a César lo que es de César,  y a Dios lo que es de Dios.  Y se maravillaron de él”.
(Marcos 12:17)
 
“Dale al gobierno lo que al gobierno le pertenece” (los impuestos) ha sido la interpretación mas generalizada a esta porción de la escritura que acabamos de memorizar, sin embargo, nos hemos olvidado fácilmente de que la parte mas importante de este texto de la Palabra no es esta, sino, aquella donde se nos afirma y demanda que le demos a nuestro Dios lo que a él le pertenece. En este contexto parecería lógico enfocar la enseñanza en la entrega de nuestros diezmos en el alfolí (ya que la historia toma como elemento emblemático una moneda, el denario) e incluso podríamos espiritualizar la enseñanza hablando sobre la entrega de talentos, dones, servicio, tiempo, etc. Delante de nuestro Dios; definitivamente creemos que la enseñanza contiene en parte todo lo que acabamos de mencionar, pero aun necesitamos profundizar más en el mensaje primario del pasaje, que tiene que ver con la enseñanza sobre las palabras: Imagen, Inscripción y Dar. Que al ser unidas a algunas de las declaratorias de Jesús sobre la resurrección de los creyentes, nos instruyen fuertemente sobre nuestra pertenencia a Dios y algunas de las implicaciones que esto tiene en nuestra vida en el presente y en la futura.
 
1. La Imagen nos instruye sobre nuestra pertenencia a Dios (Mateo 20:19-20).
¿De quién es esta imagen? Fue la primera pregunta que Jesús hizo a estos fariseos y herodianos, y es esta pregunta esta contenida nuestra primera enseñanza acerca de nuestra pertenencia al Señor. El Denario, que era la moneda oficial para pagar el tributo tenía impresa la Imagen de Tiberio Cesar, emperador de Roma. El rostro de su imagen era grabada en esta moneda como un recordatorio de que cada una de ellas, aunque circularan como monedas en todas las naciones del basto Imperio, le pertenecían a Roma y a su emperador El Cesar romano. Por lo que toda nación del Imperio debía entregar en esta moneda el impuesto o tributo a Roma, ya que la moneda era de su propiedad. Esto, sin lugar a dudas, nos conduce a reflexionar acerca de la Imagen que ha sido impresa en cada ser humano, que es la imagen misma del Dios creador de todo lo que existe (Génesis 1:26-27). Una imagen corrompida por el pecado y desvirtuada por la maldad del hombre (Isaías 1:2-6). Pero una Imagen que en Jesús es sanada, reconstruida y afirmada en los “predestinados” (Romanos 8:29-30). Esto nos enseña que en Jesús los creyentes retornamos a ser Imagen veraz de Dios y por tanto de su propiedad. Dad a Dios lo que es de Dios implica entonces: ENTREGA; nuestra entrega a Dios. ¿Puedes pensar en algunas cosas de tu vida que sean de tu pertenencia y no de la pertenencia de Dios? ¿Si no las encuentras o si las encuentras, qué te dice esto de la Imagen de Dios restaurada en ti por Jesús? ¿Cómo le damos a Dios lo que es de Dios?
 
2. La Inscripción nos instruye sobre nuestra pertenencia a Dios (Lucas 20:21).
¿De quién tiene… la Inscripción” fue la segunda de las preguntas. El Denario, moneda Romana para el pago de tributos e impuestos, tenía bajo la imagen de tiberio la siguiente inscripción: Tiberio César, Hijo del Divino Augusto. Esta inscripción que también era una referencia a la propiedad de esta moneda, también un testimonio de el linaje al cual pertenecía el dueño de ella, en este caso, al linaje de los Cesares Romanos, siendo declarado en la Inscripción como hijo de Augusto Cesar, Emperador Romano. Ahora tendremos que reflexionar sobre la inscripción, que junto con su Imagen, pusiera Dios en Adán y por consecuencia en todo el género humano. Dios definitivamente no gravo inscripción alguna en la piel de Adán, pero si la escribió en su Palabra y tan inscripción es que Adán fue declarado hijo de Dios y en su descendencia parte del linaje de Jesús (Lucas 3:38). Sin embargo al igual que con la Imagen, distorsionada por el pecado, esta inscripción fue perdida por la misma razón en el genero humano. Si, dejamos de ser hijos de Dios, aun cuando seamos hijos de Adán. De nuevo tiene que venir Jesús el cristo y con su sacrificio en la cruz restaurar la inscripción en los elegidos (Apocalipsis 14:1). Esto nos enseña que en Jesús los creyentes somos hechos nuevamente hijos de Dios (Juan 1:12) y por lo tanto, de su pertenencia. ¿Qué bendiciones adquiere la vida del creyente al ser declarado hijo de Dios? ¿Qué compromisos tenemos para con el Padre al ser hechos hijos de Dios?
 
3. La resurrección nos instruye sobre nuestra pertenencia a Dios (Lucas 20:35-36).
Ahora son los saduceos, secta judía que niega rotundamente la resurrección, quienes traen delante de Jesús su cuestionamiento. El cual pretende ser una burla sarcástica a la doctrina de la Resurrección de los muertos al final de los tiempos, que se encuentra ampliamente difundida desde el Antiguo Testamento. Pero nuestro señor no esta dispuesto a caer en su juego y sarcasmo y por el contrario afirmará que la resurrección es algo real, pero la resurrección para vida solo le corresponderá a los escogidos de Dios, quien es Dios de vivos. En su respuesta (Marcos 12:24-27) Jesús explica de forma clara la nueva naturaleza de los elegidos para la resurrección para vida eterna, en quienes no es necesario que se casen, pues como ya no mueren tampoco es necesario que se reproduzcan. Seremos de una naturaleza renovada, semejantes a los ángeles. Pero lo más hermoso es que mediante esta resurrección somos también confirmados como hijos de Dios por toda la eternidad; como propiedad eterna de nuestro Señor y nuestro Padre. Todos los creyentes esperamos la resurrección para vida eterna, pero ¿Cuándo inicia esta vida Eterna? ¿Qué acciones de nuestra vida eterna en el presente muestran nuestra seguridad en la resurrección y son anticipo de nuestra vida eterna futura?¿Si eres hijo de Dios le perteneces a Dios, cómo otros pueden reconocer esto en tu vida?
 
Para terminar: Oremos, que nuestra vida diaria sea una prueba de nuestra pertenencia a nuestro Dios. Que el mundo que nos rodea pueda ver en cada uno de nosotros la Imagen renovada por Jesús, la inscripción del nombre del hijo y del Padre de que les pertenecemos y una visión anticipada de la eternidad en nuestra vivencia cotidiana.