Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 23. “Jesús y su autoridad para pedir fruto”
Lecturas: Mateo 21:23-43; Marcos 11:27-12:12; Lucas 20:1-19.
 
Para memorizar:
“Entonces el señor de la viña dijo:  ¿Qué haré?  Enviaré a mi hijo amado;  quizás cuando le vean a él,  le tendrán respeto”.
(Lucas 20:13)
 
La parábola de “Los labradores Malvados” se encuentra contextualmente ligada al atrevido intento, por parte de los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos, de cuestionar la autoridad de Jesús para enseñar al pueblo en el templo  y anunciarles el evangelio. Jesús responde a estos sacerdotes y escribas con una sencilla pregunta sobre el bautismo de Juan, que la gente común del pueblo podía responder; todos sabían que el bautismo de Juan era del cielo, nada en este tenía una tendencia terrenal. Fue pues justo que Jesús rehusara dar cuenta de su autoridad, que también es celestial y divina, a los que sabían que el bautismo de Juan era del cielo, pero no creían en él ni reconocían que lo sabían. Lo mas interesante de esta parábola es que no solo afirma la autoridad de Jesús para enseñar y anunciar el evangelio, como hijo de Dios, representado en el Padre de familia dueño de la viña, sino que además asienta un importante precedente de la autoridad del Padre, a través del Hijo, para demandar frutos de la enseñanza y evangelio recibidos, y que están representados en el arrendamiento que el padre de familia a hecho a los labradores malvados de la viña que por él mismo fue plantada.
 
1. Jesús y su autoridad en la Iglesia (Marcos 11:29-30). Jesús no esquiva la pregunta del consejo supremo ni le discute el derecho de plantearle la cuestión de la autoridad. Con su contra pregunta, sobre el origen celestial del bautismo de Juan, no quiere defenderse. Sólo quiere hacerlos recapacitar. Juan llamó a la conversión en el Jordán, bautizó y anunció la proximidad del reino de Dios. Con él se inauguró algo nuevo en Israel. Jesús reasumió la actividad del Bautista, aunque no bautizó, pero sí llamó a la conversión y proclamó la buena nueva de salvación y salud. Sin embargo, si declaran divino el origen del bautismo de Juan, entonces tienen que creer, y consiguientemente entregarse a Dios. Si en cambio lo declaran humano, entonces se ve amenazada su vida por el pueblo, que cree en la misión divina del Bautista (Marcos 11:31-33). Los hombres del consejo supremo se niegan a reconocer que el Bautista había sido enviado para preparar el tiempo de salvación que se inaugura con Jesús; se niegan a reconocer que Dios está con Jesús; por eso no son tampoco capaces de comprender con qué autoridad enseña Jesús y anuncia la buena nueva y se presenta en el templo con autoridad.  En el mundo de Jesús, así como en el nuestro, la gente buscaba la señal exterior de autoridad: educación, título, posición, conexiones. Pero la autoridad de Jesús proviene de su esencia, de lo que es, y no de ninguna fuente exterior o superficial. Como seguidores de Jesús, Dios nos ha dado autoridad: podemos hablar, enseñar y compartir el Evangelio confiadamente en su nombre porque tenemos de su autoridad. ¿Cómo se manifiesta la autoridad de Jesús en nuestras vidas para realizar esta labor de compartir Buenas Noticias? ¿Qué puede causar que en la labor se muestre nuestra falta de autoridad en Jesús?
 
2. La autoridad de Jesús como hijo del Padre para reclamar el fruto (Lucas 20:13). Cuando Jesús relató la parábola de los viñadores malvados, en respuesta al cuestionamiento de los líderes religiosos sobre de donde provenía su autoridad esta historia molestó profundamente a los principales sacerdotes y fariseos, porque entendieron que se refería a ellos y que el mismo era el hijo del dueño de la viña. La historia (Mateo 21: 33-35) cuenta de un hombre rico, padre de familia, que dio en renta el viñedo, que el mismo plantó, a unos trabajadores, quienes al paso del tiempo creyeron que la viña les debería pertenecer, ya que la habían trabajado ya por mucho tiempo, por eso cuando el amo envió a algunos de sus siervos para recoger sus frutos o ganancias, los viñadores los maltrataron y expulsaron una y otra vez, pensando que no tenían por qué dar cuentas de lo que se les había dado en renta. Cuando el amo envió a su propio hijo pensando que tendrían mayor respeto por él, los malvados trabajadores supusieron que si mataban al heredero de la propiedad, entonces el terreno sería finalmente de ellos. Al final de la historia, Jesús permitió que sus oyentes dieran el veredicto de lo que debería suceder, y todos concordaron en que el dueño de la propiedad debería venir a castigar duramente a los trabajadores que habían procedido de manera tan perversa. ¿Quiénes son los labradores malvados en el contexto de Romanos 5:6-8? Es en este punto donde tenemos que voltear a ver nuestras vidas, limpias por la sangre de Cristo, y buscar en ellas fruto que presentar al padre de familia, por el arrendamiento de la vida, viña plantada por Él y restaurada por la muerte de su Hijo (Romanos 7:4). ¿Esta tu vida dando el fruto digno de una viña del Señor? ¿Si no es así, donde esta el problema, porque falta el fruto (Juan 15:5)?
 
3. Levantando fruto por la Autoridad de Jesús (Mateo 21:40-41). Juan capítulo 15 nos deja ver que el proceso natural de la vid verdadera, en la cual hemos sido injertados, es dar fruto… ¿Qué fruto? Permíteme mostrarte 7 de estos:                 1) Arrepentimiento (Mat. 3:8), 2) Santificación (Rom. 6:22), 3) Justicia (2Cor. 9:10), 4) El fruto del Espíritu: amor, gozo,  paz,  paciencia,  benignidad,  bondad,  fe,  mansedumbre y  templanza (Gal. 5:22-23), 5) De nuevo bondad y  justicia unidos a la verdad (Efe. 5:9), 6) Buenas obras (Tito 3:14), 7) Nuevos Creyentes (Hebreos 13:15). ¿Revisa tu vida, cuantos de estos 7 frutos hay en ella? ¿Cuál es la abundancia de estos frutos en tu vida? ¿Pagaremos el fruto a su tiempo (Mateo 21:41)?
 
Para terminar: Oremos, porque en nuestra vida e Iglesia sea manifiesta la autoridad de nuestro Señor para enseñar y compartir el Evangelio de Gracia y Buenas Nuevas. Y por que nuestra vida, reflejando esa autoridad y sujeción a nuestro Señor, produzcan abundantes frutos para su gloria. Amen.