Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 20. “Jesús, el Rey Justo, Salvador y Humilde”
Lecturas: Mateo 21:1-11; Marcos 11:1-11; Lucas 19:29-44; Juan 12:12-19.
 
Para memorizar:
“deteniéndose Jesús,  los llamó,  y les dijo:  ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor,  que sean abiertos nuestros ojos”.
(Mateo 20:32-33)
 
El texto que hemos memorizado en esta noche nos recuerda el pasaje anterior al que hemos leído, donde se encuentra la historia del encuentro entre Jesús, el Rey y Señor, y Bartimeo, el ciego mendigo. Un hermoso encuentro donde se resalta el carácter de Jesús como un Rey humilde; quien es reconocido en su realeza por Bartimeo como “hijo de David”, y ante los gritos y el clamor de este mendigo detiene su marcha y la marcha de la multitud que le acompañaba para atender la necesidad de este hombre invidente. Un Rey que manda llamar a aquel mendigo a venir a su presencia y le hace una sencilla pregunta “¿Qué quieres que te haga?”, un Rey tan lleno de misericordia, Justicia y Humildad, que no solo le concede a Bartimeo su petición de que le retorne la vista, sino que además, le otorga el Don mas grande que el Rey Jesús ofrece al ser humano, el Don de la salvación, diciéndole “Vete,  tu fe te ha salvado” (Marcos 10:52). Este es Jesús, este es nuestro Rey, aquel del que Zacarías profetizaría 550 años antes diciendo “Alégrate mucho,  hija de Sion;  da voces de júbilo,  hija de Jerusalén;  he aquí tu rey vendrá a ti,  justo y salvador,  humilde,  y cabalgando sobre un asno,  sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9:9).
 
1.  El Rey sobre un pollino prestado (Mateo 21:2-3). El Rey “por quien todas las cosas fueron hechas” (Juan 1:3), se ha manifestado en carne como un desposeído, sin riqueza, sin propiedades, sin ganados, en la mas absoluta humildad de su naturaleza humana. Si él hubiese querido hubiese tomado el mas brioso corcel de la región y entrado en Jerusalén  con todo el honor de su realeza, pero opto por pedir prestado el pollino hijo de una asna a fin de montar en el y cruzar el pórtico de entrada a la “Ciudad del Gran Rey”. La humildad de nuestro Señor es manifiesta a toda prueba, dejando en nosotros una profunda reflexión. Si el Rey es humilde
¿Cómo tendrían que ser sus siervos? ¿En que tendríamos que aprender los creyentes a ser más humildes? ¿De qué manera la humildad ayuda al creyente a compartir las Buenas Noticias el Evangelio?

2. Los Mantos de los Discípulos fueron su Montura (Mateo 21:7). El Manto en hebreo Jimation es el equivalente a un sobretodo para nosotros. El manto es símbolo de autoridad: Eliseo anhelaba poseer el manto de Elías, el manto es símbolo de reconocimiento: Jonatán le pone su manto a David, es símbolo de protección: Booz coloca su manto sobre Rut, es símbolo de poder: La mujer enferma anhelaba tocar el manto de Jesús. Era la prenda más valiosa que cada persona poseía y la gente humilde en general solo tenía un manto, como el que Bartimeo abandonó para acercarse a Jesús. Lo que simbólicamente los discípulos estaban diciendo era: Nuestro Rey es tan humilde que se sienta sobre un pequeño asno, pero es tan digno de ser Rey que se sienta por encima de nuestra autoridad, reconocimiento, protección y poder, por encima de nuestra más preciada posesión esta nuestro Rey Jesús. ¿Cuál es el sobretodo de tu vida, es decir, el símbolo de lo más importante de tu vida? ¿Está Jesús por encima de tu Jimation? ¿Ocupa Jesús el asiento principal de tu vida como discípulo?

3. Jesús es reconocido como Rey Justo y Victorioso (Mateo 21:8). El pasaje deja en claro que toda la multitud también se despojo de sus mantos y los puso de alfombra a la humilde cabalgadura de nuestro Señor. Pero añade que a esta alfombra fueron agregadas ramas de arboles; Es Juan quien hará la aclaración de que fueron ramas de palmera (Datilera) las usadas por el pueblo durante la entrada triunfal (Juan 12:12-13). Desde un tiempo muy temprano en la cultura religiosa del pueblo judía la palma datilera fue considerada como un símbolo de Justicia, quizá por la rectitud del tranco que al caer de las ramas se va formando y de victoria, ya que con ellas se vitoreaba a los reyes que regresaban vencedores de las batallas enemigas. Desconocemos la intención de la multitud al tender tal alfombra pero de manera simbólica se cumple a la perfección con los atributos del Rey profetizado por Zacarías, Justo, Salvador (libertador o victorioso) y Humilde. Hoy en día como su pueblo hemos de reconocerle como nuestro Rey Justo y Salvador con nuestro testimonio y nuestras palabras. ¿Cómo usas el testimonio de los hechos de tu vida para reconocer en Jesús a tu Rey Justo y Salvador? ¿Cómo usas tus palabras para darle este reconocimiento? ¿Hay congruencia entre tu testimonio y tus palabras?

El versículo nueve de el pasaje de Mateo 21, le da corona a este reconocimiento profetizado con estas palabras: “Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba,  diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David!  ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!  ¡Hosanna en las alturas!” Las Hosannas literalmente expresaban ¡Sálvanos, te rogamos!; se trataba de una exclamación de alabanza e incluso de adoración, con la implicación de sumisión a la soberanía real. Que el grito de nuestra vida y testimonio cada día exprese un Hosanna: ¡Hosanna, Bendito el que viene nuevamente por su Iglesia! Amen.

Para terminar: Oremos, Dando alabanza a nuestro Rey y Señor Jesucristo. Y roguemos ser guiados por su Santo Espíritu para que nuestras vidas sean muestra de Humildad, en la cual se reconozca la Soberanía de nuestro Rey Justo y Salvador