Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 19. “Jesús, es nuestra Recompensa”
Lecturas: Mateo 19:27-30 y 20:17-28; Marcos 10:28:45; Lucas 18:28-34.
 
Para memorizar:
“El les dijo:  A la verdad,  de mi vaso beberéis,  y con el bautismo con que yo soy bautizado,  seréis bautizados;  pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda,  no es mío darlo,  sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre”.
(Mateo 20:23)
 
Los pasajes de estudio de esta semana nos hablan básicamente de tres temas importantes para la vida de un discípulo. El primero de estos es qué recibirá el discípulo en esta vida por “todo” lo que ha dejado por causa del reino. El Segundo tiene que ver con la recompensa que le es prometida al discípulo en la eternidad, como una recompensa escatológica, y en tercer lugar esta el entendimiento del  gran honor que el Señor ha puesto delante de nosotros al hacernos sus discípulos y que todo lo que tenemos y tendremos, aquí en la tierra y aun en la eternidad es por la Gracia de nuestro Dios y jamás por merecimiento personal. Todo esto parece surgir de la Pregunta de Pedro a Jesús: “Pedro,  le dijo: He aquí,  nosotros lo hemos dejado todo,  y te hemos seguido;  ¿qué,  pues,  tendremos?” (Mateo 19:27). Agustín de Hipona escribiría al respecto: “Habiendo oído Pedro el grande impedimento que eran las riquezas para ir al cielo, conoció que era un grande bien el haberlas abandonado; mas como había también oído lo que el Señor dijo a aquel joven Rico, que vendiese lo que tenía, y lo diese a los pobres, y que haciendo esto tendría un tesoro en los cielos, viendo que aunque todo lo habían dejado, y que todo ello era muy poco, preguntó al Señor cuál sería la recompensa que tendrían”. 
 
1.  Jesús, ¿Qué hemos dejado por ti? Ante la Reflexión de Pedro (Lucas 18:28) tendríamos que forzarnos a iniciar nuestra meditación, personal y colectiva, con la pregunta ¿Qué es lo que yo y qué es lo que nosotros hemos dejado como consecuencia de nuestro discipulado y seguimiento de Jesús? El pasaje nos habla de dejar casa,  o hermanos,  o hermanas,  o padre,  o madre,  o mujer,  o hijos,  o tierras por causa de Jesús y de su Evangelio, puede que esto para los discípulos haya sido, en algunos casos, algo literal pero para la mayoría de nosotros no es así. ¿Puedes pensar en algo o alguien que realmente has tenido que dejar por causa de Jesús y su evangelio? ¿Bajo qué circunstancias piensas que podría suceder que tengamos que dejar algo o a alguien como precio del discipulado?

2. Jesús promete dos Grandes recompensas al discipulado (Mateo 19:29). Para muchos de nosotros sería muy difícil poder hacer una lista de cosas que hemos dejado por causa de Jesús, sin embargo, seguro es que algunas, si no es que muchas, cosas han cambiado en nuestra vida: Vocabulario, conductas, pensamientos, compromisos e incluso amistades, y todo por causa de colocar a nuestro Señor en primer lugar en nuestras vidas. Pero algo es seguro, pues es promesa del Señor de lo que hayamos dejado hemos de recibir recompensa al ciento por uno, en este tiempo (Marcos 10:30) lo que matemáticamente equivale a un diez mil por ciento, pero además la mayor de las recompensas, que es La Vida Eterna. ¿Cómo podemos visualizar la primera de estas recompensas en nuestro día a día? ¿Cuándo se recibe la segunda de las recompensas y como se disfruta de ella?

3. ¿Habrá discípulos que quieren más recompensa? El pasaje de la Escritura que continúa a este nos muestra que la respuesta a esta pregunta es un si (Marcos 10:35-37) Jacobo y juan piensan que ellos merecen “un poco” más, lugares especiales y de honor, al lado de Jesús, en la plenitud de su reino. Y si comparamos el evangelio de Mateo parece que aún la madre de estos jóvenes discípulos esta de acuerdo e intercede por que logren su anhelo (Mateo 20:20-21). ¿Qué es lo que les hace desear estos lugares de privilegio si ya su Maestro les ha prometido Bendiciones en abundancia y la Vida Eterna a todos sus discípulos? ¿Has deseado tu alguna vez tener una posición de honor, de reconocimiento, de poder y autoridad o de supremacía pues crees que lo mereces?

4. La respuesta de Jesús nos muestra que Él es nuestro honor y recompensa (Mateo 20:22-23). La respuesta hace una clara relación de la invitación y honor que Jesús da a los discípulos de participar, bajo la Gracia de su Sacrificio, de los sacramentos de la Santa Cena y el Bautismo. En la Cena recordamos que nuestro Señor entrego su propio cuerpo y derramó su sangre para otorgarnos la redención de nuestros pecados (Mateo 26:26-28). En el bautismo nos es impuesta señal de la muerte y sepultura de Cristo y de un nuevo nacimiento a una vida nueva, abundante y eterna (Romanos 6:4). Es decir, que cuando tomamos el bautismo y cada vez que participamos de la Cena del Señor recordamos que el gran honor y la gran recompensa que anticipadamente, es decir por gracia, hemos recibido y sin merecimiento alguno es su obra redentora en nuestras vidas. Honor que solo estaba designado para aquellos a quienes el Padre eligió para otorgarles. ¿Entendemos el honor que es el sacrificio de Jesús sobre nosotros? ¿Crees que nuestro discipulado merece alguna otra recompensa? ¿Qué debe provocar en la vida del discípulo el conocer la recompensa y el honor que en Cristo nos ha sido otorgado?

Para terminar: Oremos, Dándole gracias al Padre por su Gracia y a Jesús por su sacrificio. Agradeciendo el llamado que tenemos a ser discípulos y pidiendo la guía del Espíritu Santo para vivir verdaderamente agradecidos y en vida de servicio y discipulado que sean un fiel testimonio de nuestra gratitud.