Iglesia Nacional Presbiteriana El Divino Redentor
A fin de que los siervos de Dios estemos enteramente preparados para toda buena obra.
Semana 18. “Jesús, Maestro de nuestras Familias”
Lecturas Sugeridas: Mateo 19:1322; Marcos 10:13-22; Lucas 18:15-23.
 
Para memorizar:
“Un hombre principal le preguntó,  diciendo:  Maestro bueno,  ¿qué haré para heredar la vida eterna?”
(Lucas 18:18)
 
Reino de los cielos, designa más que solo un espacio Espiritual o geográfico, refiere también la situación de aquellos que han sido transformados o convertidos en su corazón (entendido éste como lo más profundo y sentido de cada ser humano), y exaltan a Dios como valor absoluto de sus vidas y de sus relaciones con los demás. El Reino es pues, no el horizonte individual de los creyentes, sino la meta de la comunidad, que es la Iglesia. En el comienzo del Evangelio de Mateo (Mat. 4:17), Jesús anuncia el principio de su vida de predicación con estas palabras: "Arrepentíos,  porque el reino de los cielos se ha acercado". Sabemos que el Reino de Dios se presenta como la salvación del hombre y la vida eterna, en la que el hombre alcanza la plenitud de vida en su Señor, pero a su vez, que lo vivimos hoy dentro de cada uno de nosotros los creyentes en nuestra comunión espiritual con Dios y en la comunión del cuerpo de Cristo (Iglesia). El Reino de Dios, por tanto, no sólo se refiere al futuro, es algo que irrumpe en nuestra vida diaria y nos reta a la transformación de nuestro entorno. Los tiempos actuales se presentan llenos de odio, egoísmo, discriminación y explotación; en todo el mundo existe la injusticia y la Palabra nos invita por ello a retornar a los valores del Reino y de la Vida plena en Cristo, desde nuestros hogares, desde la educación y el cuidado de nuestros hijos en los valores del Reino
 
1.  Jesús nos muestra su amor a nuestros “hijos” (Marcos 10:16, 21). El primero de estos pasajes nos muestra a Jesús tomando amorosamente en sus brazos a los niños y poniendo sobre de ellos su bendición. El segundo nos muestra su sentimiento de amor por el joven el cual se despierta con una mirada y le conduce a darle una palabra de exhortación. Ambos casos son dignos representantes de la manifestación de amor y cuidado que Jesús tiene para nuestros hijos, los cuales han sido incluidos en el Pacto de Gracia que Dios ha hecho con nosotros los padres creyentes en Cristo, como nuestro salvador, y que ha extendido a nuestros hijos, niños y jóvenes. Para nosotros, la Iglesia Reformada, esto se muestra explícitamente en nuestro Sacramento del Bautismo Infantil, en el cual nos apegamos por fe a las promesas pactuales sobre nuestros hijos y nos comprometemos, como creyentes, e iglesia, a guiarles en el camino y Palabra de Dios hasta que ellos tengan su encuentro personal con el Jesús. ¿Crees que el pacto de gracia de Dios contigo incluye también a tus hijos? ¿Cómo estas cumpliendo, prácticamente, con tu responsabilidad (Familiar o de Iglesia) de instruirles en la Palabra y camino del Señor?
2.  Jesús nos enseña a pre-ocuparnos de nuestros niños (Mateo 19:13). ¿Quiénes serán las personas mas interesadas y ocupadas en acercar a sus niños a Jesús, deseando que nuestro Señor les tome en sus brazos de amor, les toque con su poder y les bendiga con su gracia? La respuesta natural sería, pues los Padres de cada uno de ellos.  A este respecto es instructivo el v. 14 de Marcos 10; Jesús desea que no se impida a los niños acercarse a él, pues a ellos, declara, les pertenece el Reino de Dios. Él les ha otorgado una promesa de inclusión, por lo tanto, forman parte de la comunidad del reino, por lo que se torna fundamental que al interior de las familias e iglesias se busque por todos los medios posibles la formación espiritual de nuestros niños y jóvenes. ¿Cómo puedes involucrarte en la iglesia en este compromiso  de formación espiritual? ¿Qué ideas puedes aportar para mejorar estos ministerios (los líderes de grupo tomaran notas al respecto)?
3. Jesús hace la obra más haya de la instrucción (Marcos 10:19-21a). Ahora observamos a Jesús trabajando en la vida del joven rico. Nos queda claro que alguien en su vida se ocupó de que este joven aprendiera de los mandamientos y vigiló que entendiera como cumplirlos en su propia vida. En la cultura Judía serían sin duda sus padres y sus maestros en la sinagoga. Sin embargo, la palabra de Jesús, “Una cosa te falta” denota que, si bien la instrucción fue necesaria, fue administrada adecuadamente y fue parte de la formación de este joven desde años atrás, le era necesario encontrarse cara a cara con Jesús para ser confrontado con su pecado y su necesidad de transformación. Es obvio en el relato bíblico que este joven instruido en la Palabra no entendía que “Amar a Dios por sobre todas las cosas” era el gran mandamiento y el resumen de los primeros 4; cosa que a él le faltaba y que solo El Cristo podía conducir en su vida a su cumplimiento. ¿Sin dar una respuesta medita un momento, todos tus hijos han tenido ya este encuentro personal con Jesús? ¿En tanto haya un hijo de familia o en la iglesia que no lo tenga, cuál es tu y nuestro compromiso?
4. Jesús es quien llama a nuestros hijos a seguirle y a poner su corazón en el Reino (Mateo 19:21). Nuestros hijos son edificios en construcción y si tu eres un padre creyente en Jesucristo, tú tienes los materiales de edificación: en su Palabra y en lo que él ha hecho en tu vida, esto incluye a los niños y jóvenes de tu familia y de tu iglesia. Es nuestra responsabilidad delante del señor la colocación de esas rocas que Dios mismo nos ha proporcionado como materiales de edificación. Más no debemos olvidar que quien termina la construcción colocando la Piedra Angular que sostendrá toda la edificación es Dios. El Señor llamo a este joven a hacer tesoros en los cielos “Porque donde está vuestro tesoro,  allí estará también vuestro corazón” (Lucas 12:34). El llamado a seguirle y a poner su corazón en el Reino de Dios lo hace el Señor mismo. En nuestros hijos tenemos la seguridad, como creyentes, que será un llamamiento eficaz, pero sabemos que se hará en el tiempo de Dios. En tanto nosotros debemos seguir ocupados, día a día en su instrucción y edificación, hasta el tiempo de Dios para ellos en Cristo. ¿Qué “rocas” de la Palabra y de tu propio testimonio crees que sea fundamental colocar en nuestros niños y jóvenes? ¿Cómo harás esto de manera intencional?
Para terminar: Oremos, Por nuestros hijos, niños y jóvenes, y por los niños y jóvenes de nuestra Iglesia; pidiendo sabiduría al Señor para instruirlos y guiarlos, siendo agentes de edificación para ellos, hasta que el Señor les alcance, les abrace, los toque y los llame a poner su corazón en su reino.